Fotos: Marta Tudela

29-6-2026

¿Hay en el universo tiktoker poblado por baristas, cheesecakers, bartenders, fermenters y chefs espacio para un oficio tan tradicional y en principio no demasiado “cool” como la pesca profesional? ¿Hay público en Instagram dispuesto a dedicar unos minutos a hacer scroll por el día a día de aquellas personas que cada madrugada se suben a un barco y se encomiendan a la Virgen del Carmen para que la mar les sea propicia y puedan regresar a puerto con la bodega llena? ¿Es posible que un pescador encuentre un hueco en su dura jornada para convertirse en youtuber y contribuir con sus vídeos a elevar el prestigio y el atractivo de un oficio que necesita con urgencia un relevo generacional?

Así lo creen Marc Tudela y Wilco Barranco, dos jovencísimos pescadores catalanes que desde hace algunos meses recogen en sus redes sociales -a través de la cuenta @nextgenfishing– todo aquello que capturan en las de pesca durante sus largas jornadas de trabajo, de cabrachos a rapes, gallos de San Pedro, rayas, bogavantes, peces ballesta o rémoles. En sus vídeos, “muy naturales, lo que también gusta a la gente”, grabados “con el móvil, colgado con cinta aislante”, y prácticamente sin editar, hablan a cámara con su estilo informal y directo de las peculiaridades de todos esos peces y crustáceos, sus estrategias de camuflaje, los lugares donde los pescan, los precios que cada uno de ellos puede alcanzar en la lonja e incluso la manera más habitual de cocinarlos. También cuentan cómo funciona una estibadora, qué aspecto tiene un temporal  desde un barco pequeño o los altibajos en la cantidad de pescado que entra en el barco cada día. 

Y si  lo hacen es, entre otras cosas, porque se han dado cuenta de que el mar -y sus criaturas y oficios- continúa siendo un misterio, toda una caja de sorpresas para quienes no lo viven de cerca. Y es que ¿cuántos de entre quienes disfrutamos en la mesa de pescados y mariscos sabemos si hay o no langostas en Cataluña? ¿Cuántos podemos afirmar a ciencia cierta si se pescan con caña, con nasa, con arpón, o con red? ¿Si una raya o un cabracho son o no venenosos? ¿Si los pescadores limpian los pescados en cubierta, durante el camino de regreso, o cuando llegan a puerto? ¿SI los conservan en agua o en hielo? ¿Si las redes se recogen a mano o a máquina? ¿O hasta qué punto influye el entorno en la calidad de un marisco?

“La gente no sabe nada, porque nadie le ha explicado nada -apunta Marc-. Cuando hablamos de agricultura o ganadería, todo el mundo está más informado, para empezar porque tú puedes ir al campo y lo puedes ver. Pero no puedes ir así como así al mar y levantar una red para ver qué hay”.

“Tenemos unos productos increíbles en nuestras costas, pero la gente que va a la pescadería no lo sabe -apostilla Wilco- Hay quien piensa que para encontrar unas langostas tan grandes como los que mostramos en los vídeos tienes que irte a las Bahamas. Y resulta que están aquí, delante de Barcelona. En los comentarios la gente nos dice que son de goma o que utilizamos IA… Incluso hay pescateros que no saben que una langosta se pesca con nasa”.

Una buena forma de ganarse la vida

Amigos desde la infancia, ambos llegaron a la profesión por caminos distintos. Marc, patrón y armador del barco, creció viendo a su padre dedicarse a la pesca. Empezó a embarcarse cuando tenía dieciséis años y, tras años de trabajo y ahorro, acabó comprando la embarcación con la que trabaja actualmente, la “Alegría del Mar II”. Wilco, en cambio, se había ido por el camino del marketing cuando decidió aprovechar la pandemia para sacarse online los cursos necesarios y acompañar a su amigo y su padre en su marrajera durante un verano en busca de atunes y peces espada. “El dinero que iba a ganar -recuerda- era una cantidad bastante elevada para un chaval de 18 años, así que me dije que adelante. Fueron tres meses pescando por todo el Mediterráneo, detrás de las Baleares, en Murcia, en Almería, frente a Argelia…”.

El padre de Marc ya se jubiló y hoy en lugar de trabajar con una marrajera lo hacen con una embarcación de artes menores, así que ya no tienen que faenar durante meses en los confines del Mediterráneo, sino que salen por la costa de Barcelona de lunes a viernes (“si la mar lo permite, y si hace mal tiempo nos tenemos que joder porque no te dejan recuperar días”, responden a uno de los comentarios en sus  redes). En cualquier caso, sigue siendo una muy buena manera de ganarse la vida, en contra de la percepción que suele tenerse de esta profesión.

“La gente piensa que es un trabajo muy pobre, muy sucio -comenta Wilco-, pero si le metes caña y vas motivado a trabajar, te puedes ganar bien la vida. Puedes trabajar para cobrar 4.000 euros al mes o igual te vale con 2.000 si prefieres trabajar menos”.

“A lo mejor llevas 5.000 euros en tres semanas y la última ya no quieres salir porque ya cubres los gastos -continúa Marc-  Pero bueno, en realidad hay que faenar día a día, porque hay temporadas malas, días que no puedes salir y a lo mejor se te rompe el motor y lo tienes que arreglar…”.

Y además hay que levantarse a las cuatro de la mañana, lidiar con temporales y mala mar, con las máquinas que se estropean, con esas jornadas en las que se vuelven de vacío después de muchas horas de trabajo en balde, con el papeleo, con los muchos riesgos laborales de una profesión en la que, como comenta Wilco con cierto sarcasmo, “no se cobra ninguna clase de plus por peligrosidad ni por nocturnidad”. De hecho, Marc ha estado bastante tiempo parado por un accidente que casi se le lleva por delante un pie.

Falta de relevo para una profesión poco contada

Pero en el otro lado están las ventajas. Cuando se les pregunta por ellas, además del buen dinero que puede llegar a ganarse, mencionan el trabajo al aire libre, el hecho de que salen los dos solos, sin depender de ningún jefe, funcionando con sus propias normas, sobre la base de una confianza que se ha establecido entre los dos a lo largo de los años. Quizá todos estos factores, además de su capacidad para relatar sus jornadas laborales, puedan atraer al oficio un chute de sangre joven, de la que anda muy necesitado, como cuenta Marc. “La gran mayoría de pescadores son mayores que nosotros. El 50% está esperando a retirarse. Muchos salen para hacer las horas que les faltan para jubilarse. Así que cada vez hay menos pescadores, pero la gente va a seguir queriendo pescado. Y ahí vemos mucho futuro. Además, si alguien quiere empezar en esto y comprarse un barco, tampoco la inversión es tan grande y se puede recuperar bastante rápido”.

Sin embargo, tal como subraya Wilco, por mucho que ellos, casi como efecto secundario de sus vídeos divulgativos, hayan conseguido atraer el interés de algunos jóvenes, que les preguntan en redes qué tendrían que  estudiar y de qué manera podrían acceder a la profesión, la tarea deberían asumirla los poderes públicos. “Los trabajos del sector primario son importantísimos para la sociedad y de aquí a diez años se va a encontrar con que no hay gente en el campo ni pescando. Si te fijas, los pescadores solo salen en la tele cuando se quejan, cuando hay una manifestación. ¿Así quién va a querer ser pescador? Esta faena es de la administración”.

En el fondo lo que falta son modelos, referentes. O ni siquiera eso: simplemente alguien que cuente a los más jóvenes que esta puede ser una salida laboral apetecible y rentable.  “Si los sectores primarios aguantan -se lamenta Marc- es por gente como yo, que soy hijo de pescador y he seguido. Porque no hay pescadores ni gente del campo que vayan a los colegios a dar una charla y explicar su oficio. Nadie nos lo ha contado. Así que todo viene de familia, no conozco a nadie que se dedique a esto que no estuviera ya relacionado de algún modo con la pesca”.

Siguiendo su estela

Marc y Wilco forman parte de la lista de los 100 Jóvenes Talentos de la Gastronomía 2026 de Basque Culinary Center, al igual que Raúl Cardaba, “el frutero tiktokero” o el cabrero José Bustos, quienes además de cumplir con sus respectivas jornadas laborales, también se han lanzado a contar sus muy tradicionales oficios de una manera distinta, fresca y atractiva para el público más joven a través del medio que más utilizan: las redes sociales.

Lo que arrancó casi como una broma, “por las risas”, como dice Marc, compartiendo fotos y vídeos con su grupo de amigos, ha empezado a llegar a públicos insospechados y les ha valido invitaciones para participar en foros como el  reciente Congreso de Productos del Mar de AECOC en Baiona, Pontevedra, donde contaron su historia y compartieron escenario con distintos representantes del sector.

En estos días están a punto de dar el  salto a vídeos más largos, ya con un editor, para Youtube, donde pretenden seguir hablando del trabajo que cuesta llevar un buen pescado a la mesa, conscientes de que prácticamente nadie se dedica a crear este tipo de contenido, contado desde la primera línea de frente, y viendo que están generando un interés que en poco tiempo les ha reportado unos 80.000 seguidores en redes. “Se trata de divulgar y de dar valor al pescado que tenemos aquí, pero sobre todo a lo que hacemos. Porque nosotros estamos ahí fuera currando, pero nadie lo ve. Y mola mucho que la gente vea lo que es esto”, concluye Marc.