25-2-2026

En una tan profunda como desopilante conferencia pronunciada en 1991, el actor, escritor y ex miembro del grupo Monty Python John Cleese afirmaba que la creatividad no es un talento, sino “una manera de operar”, algo que no tiene nada que ver con capacidades innatas ni con el coeficiente intelectual y que suele activarse en aquellas personas capaces de alcanzar un cierto estado mental que permite que su pensamiento creativo fluya, para lo que consideraba imprescindible abrirse a uno mismo un “oasis de espacio y tiempo” en mitad del ruido y las obligaciones exteriores. Denominaba a ese estado “open mode” o modo abierto, por oposición al “close mode”, el modo cerrado en el que habitualmente ejecutamos nuestras rutinas diarias y que nos impide detenernos a mirar y pensar más allá de lo que tenemos delante.

Más de tres décadas después, la cocinera danesa Trine Hahnemann, miembro del Consejo Internacional de Basque Culinary Center, se apoyó en aquella intervención del cómico británico para abordar el asunto hace unos días ante los alumnos de BCC desde la perspectiva de un restaurante, para el que defendió una creatividad compartida, un trabajo de “co-creación” cuya viabilidad depende en gran medida de la capacidad del grupo para establecer algo así como una versión colectiva de ese oasis del que hablaba Cleese: un entorno amable y equitativo que fomente el diálogo y la sensación de confianza de sus miembros, una atmósfera inclusiva en la que todos puedan hacerse entender, en la que sea posible tanto la reflexión y la discusión en modo abierto en torno a las ideas como la ejecución efectiva en modo cerrado de las decisiones tomadas.

Para alcanzar ese escenario fértil en el que todas las aportaciones puedan ser valoradas y donde se estimule el pensamiento en modo abierto, la cocinera danesa, que durante años estuvo al frente de Hahnemann Kokken, compartió con los estudiantes una serie de claves que ella misma ha venido utilizando a lo largo de su trayectoria con sus propios equipos.

Jerarquía sí, pero no cualquiera

En un ámbito históricamente marcado por estructuras rígidas y liderazgos incuestionables, Hahnemann apuesta por la co-creación horizontal más que por el ordeno y mando vertical, si bien una jerarquía es necesaria, aunque no todas ellas responden a las mismas lógicas ni ocupan el mismo lugar dentro del proceso operativo del restaurante.

“Hay una jerarquía basada en el estatus que tiene que ver con el dinero, el poder, la apariencia física, los logros… Los seres humanos nos colocamos los unos a los otros muy deprisa en la posición que nos corresponde en ese sistema. Pero también hay una jerarquía funcional, imprescindible en un restaurante:  necesitamos alguien que ponga la mesa, alguien que sirva, alguien que cocine, alguien que gestione… Y finalmente está la jerarquía del proceso, en la que asumimos diferentes roles para hacer que las cosas avancen. En un restaurante esto no tiene nada que ver con quién eres, sino con tu función”.

No descartes así como así las propuestas de los demás

La cocinera danesa admitió que sentarse a escuchar las ideas de otras personas no es tarea fácil, mucho menos cuando se trata de crear algo en conjunto, pero una buena manera de comenzar es no cerrar la puerta a esas propuestas ajenas, vengan de quien vengan, sin haberlas valorado antes.

“Una de las cosas que se suelen decir en un entorno de trabajo cuando se está en modo cerrado y alguien del equipo plantea una idea es “no, esto ya lo hemos probado”. Y ahí se acaba la historia.  Funcionar en modo abierto para conseguir ser creativos como grupo requiere nunca desestimar de entrada una idea, escuchar lo que cada uno tiene que decir. Hay personas más tímidas que piensan que sus ideas no son lo bastante valiosas y otras que tienen más confianza en sí mismas. Deberíamos ser capaces de crear un ambiente en el que todo el mundo sea considerado de la misma manera, en el que las ideas de todos pudiesen ser discutidas y se generase la confianza para que todos pudiesen atreverse a exponerlas. Nada crea mejores grupos que el hecho de que en ellos haya personalidades muy diferentes. Es algo muy poderoso”.

Permítete ideas locas y no te conformes con la primera

Hahnemann recordaba cómo, en su conferencia, John Cleese apuntaba que el tiempo era una de las condiciones más importantes para conseguir funcionar en modo abierto: tanto tomarse el tiempo suficiente y al margen de obligaciones para pensar de una manera menos lineal y más libre, con el espíritu de juego de la infancia, como el que se requiere para cuestionar, pulir y perfeccionar las propias ideas.

“No os sintáis satisfechos con la primera idea que se asiente en vosotros. Sentaos en silencio con vosotros mismos, pensad más y ved qué otras cosas aparecen. Y hacedlo en modo abierto, soñad con el mejor libro de pastelería jamás escrito, un volumen lujoso de 500 páginas, con las mejores ilustraciones, sin límites. Porque si tenéis la mente cerrada, lo único que pensaréis será que ese libro resultará muy difícil o muy caro de hacer y que nadie lo comprará. Imaginemos cómo fue la primera conversación sobre la idea de poner a un ser humano en la Luna. O pensemos en aquellos dibujos de máquinas voladoras que Leonardo hizo hace 500 años. Es importante entrenar el modo abierto, permitirse esas ideas locas. Seguro que alguna de ellas se materializará en el regreso a la realidad, a las cuestiones prácticas y el modo cerrado. Y hay que permitirse también las paradojas y los errores”.

Deja el ego en la puerta

Uno de los mayores obstáculos para la co-creación es, según Hahnemann, el propio ego, ese que no admite que otras personas puedan tener mejores ideas que las de uno mismo o el que se niega a compartir la autoría de un proyecto. La cocinera danesa reconoció que en la cultura de la que ella proviene “los egos son enormes” y la gente está obsesionada por el reconocimiento, por saber quién es el mejor o quién ganó. Este es el “antídoto”, tal como ella misma lo definió, que propuso.

“La co-creación también tiene que ver con dejar de lado el ego, con decirse que da igual a quién se le ocurrió la idea, con no enfadarse porque no se escogió la nuestra y aceptar que esa otra era mejor. Que esa idea es algo que ocurrió entre todos y se convirtió en algo colectivo. Se trata de crear un sistema donde la creación se convierta en una experiencia compartida y pueda ocurrir sin fricciones. Y cuando decidamos cuál es la idea que nos gusta, entonces tendremos que ejecutarla y ahí es donde aparece la jerarquía de las funciones y los roles. Algunas de las mejores cosas que he experimentado en mi vida laboral se hicieron de esta manera”.

No me llames chef, llámame Trine

Según Hahnemann, la construcción del liderazgo en gastronomía se ha apoyado excesivamente en el lenguaje y en la cultura mediática que rodea al sector, que encuentra más narrativa la genialidad individual que el trabajo colectivo.

“En los últimos veinte años, la gente se llama “chef” fuera del trabajo. A mí ni siquiera me llaman chef en la cocina, me llaman Trine. Pero hemos creado una cultura, con todos esos programas de televisión, en los que una y otra vez se repite ese “chef, chef, chef”, un  sistema tan extremadamente jerárquico que en cada conferencia, en cada evento al que vas te llaman chef. En la jerarquía funcional del restaurante esta noche vas a desempeñar un papel durante tres o cuatro horas: vas a ser lavaplatos, sous-chef, jefe de cocina… Pero cuando sales de ahí, dejas de serlo”.

Las palabras no tienen el mismo significado para todo el mundo

Durante la sesión con los alumnos (provenientes de países y culturas tan diversos como India, Chile, Estados Unidos, Croacia o Corea) Hahnemann entregó a cada uno un papel con una palabra escrita que tuvieron que definir: respeto, integridad, belleza, comunidad, poder…  En varios casos la palabra era la misma, pero las definiciones siempre fueron dispares. Incluso una palabra tan aparentemente neutra como “okey” creó desacuerdos entre quienes la consideraban positiva y quienes veían en ella connotaciones negativas.

“Ni siquiera hablando el mismo lenguaje nos ponemos de acuerdo en el significado de las palabras. Este es un ejercicio que hacía con mis equipos para hacerles darse cuenta de que nunca hay que dar por sentado que quienes trabajan contigo entienden lo que les dices. Y, sin embargo, lo hacemos. Pero yo no tengo la menor idea de lo que esta palabra puede significar en tu cerebro. Siempre hay que tener esto presente”.

Sé consciente de la importancia del espacio

En otro de los ejercicios planteados a los alumnos, Hahnemann les pidió que dibujasen un entorno de vida o de trabajo en el que les gustaría desenvolverse, en el que podrían sentirse bien, con el fin de que se diesen cuenta de que no se trata de un contenedor neutro, sino que puede influir en la dinámica de trabajo de un equipo, y de la importancia de crear un entorno de trabajo amable en un oficio tan particular como el de la cocina y establecer unas reglas de comportamiento en él para que nadie pueda llegar a sentirse incómodo o fuera de lugar.

“Las cocinas profesionales son espacios muy rígidos, porque también son peligrosos: te puedes cortar, te puedes quemar… También suelen ser lugares muy pequeños que a veces tienes que compartir con ocho o más personas, con las que te cruzas y entras en contacto físico constantemente. Hay quienes odian esto y otros a quienes les parece normal. Habitualmente hay mucho ruido y es preciso negociar qué emisora de radio o qué tipo de música se va a escuchar. El espacio es muy importante porque establece el tono de cómo nos sentimos”.