1-4-2025

“¡LAS BURGERS MÁS BESTIAS DE BARCELONA, CON FULL CHORREO!” “SI TE GUSTA GRANDE Y GRUESA, ESTAS MORCILLAS NO PUEDEN FALTAR EN TU ASADO” “¿TE GUSTA MOJAR EL CHURRO O ERES MÁS DE COMERTE UNA BUENA PORRA?”

Estas gemas de la lírica gastronómica provienen de un universo paralelo alojado en las redes sociales en el que deambulan apóstoles del café con cebolla y queso o la paella con turrón, tipos que tocan la flauta con un trozo de mozzarella, familias que se bañan en hot-pots o individuos que lamen chicles previamente masticados por otros y pegados en un muro. Allí todo es siempre más grande y más barato, con bastante frecuencia asqueroso y de vez en cuando incomestible, pero los “influencers” que disfrutan chapoteando en ese mundo lo gritan (literalmente) a los cuatro vientos henchidos de entusiasmo.

Julián Otero, chef integrante del I+D de Mugaritz y también conocido como @gastrojulius, se ha convertido en el principal archivero de estos vídeos chorreantes de queso, grasa y sonrojantes dobles sentidos, que recopila en su cuenta de Instagram y glosa con comentarios mojados en cicuta con los que, a través del humor, trata de hacer ver a todos estos apologetas del mal gusto que lo que están haciendo quizá no está del todo bien…

Julián Otero

¿Qué te llevó a convertirte en una especie de “curador” de estos contenidos en Instagram?

Primero fue por curiosidad, por encontrar cosas diferentes. Y después fue por rabia. La de ver tantas fake news, tantas exageraciones, tantas hipérboles gastronómicas, que en el fondo tenían mucho que ver con el estado del mundo actual, también lleno de fake news e hipérboles. Entonces me puse a recopilar y a fastidiar un poco a estos creadores de contenido a través del humor, que era la única herramienta que tenía para contraatacar. 

Esto de la rabia tiene que ver con el llamado “rage-bait”: mucha gente mira estos vídeos para disfrutar odiándolos. Pero claro, esto también alimenta al monstruo…

La cuestión es no darles un like y dejar un comentario para poner en evidencia aquello que no te parece bien. Creo que esto es algo importante, porque habitualmente vemos estos contenidos como consumidores pasivos, como el que ve la tele, pero ahora tenemos el poder de cambiar lo que estamos viendo porque podemos decir en directo lo que opinamos. Y si no damos ninguna clase de feedback, asumirán que están muy bien. Se trata, desde la elegancia, de no dejar impune la ignorancia. En un mundo en el que casi nadie lee libros ni artículos de más de mil palabras, demostrar que alguien es un ignorante es algo en cierta medida bello. Y es también un acto político.

Esto del “cringe” podría traducirse como “vergüenza ajena”. ¿Crees que estos “creadores de contenido” son conscientes de que esta es la emoción principal que provocan?

Creo que aquí hay dos tipos de personas. Hay quienes saben que lo que hacen provoca unas ciertas emociones y utilizan determinadas estrategias para conseguir un impacto y monetizar. Tenemos casos en otros ámbitos. Por ejemplo, yo no creo que Montoya no sea consciente de las cosas que hace, sino que es muy listo, sabe exactamente lo que vende y cómo mostrarlo a ojos de las personas. Pero hay otros que lo intentan y después no monetizan nada, porque no tienen ni la capacidad ni las herramientas para hacerlo, así que se quedan en esa especie de limbo donde antes iban los tertulianos de Crónicas Marcianas o aquellos personajes que entrevistaba Cárdenas, por ejemplo, que hacían las veces de tonto del pueblo cuando esta figura ya ha desaparecido. Ahora tu tonto del pueblo se digitaliza y puede ser un tío de Wisconsin. Y esto también forma parte de la globalización.

Un denominador común de estos vídeos es que siempre ponen la cantidad por encima de la calidad.

Lo cuantitativo se puede medir más fácilmente y es mucho más entendible, mientras que lo cualitativo exige de la persona un esfuerzo y, en el caso de la gastronomía, saber de qué estás hablando, qué es un semifreddo o la diferencia entre un merengue italiano y uno francés. Pero hablar del merengue más grande es mucho más fácil y directo

También se hace alarde de la comida basura, el exceso y la sobreabundancia, en tiempos en los que tanto hablamos de desperdicio alimentario y las dificultades de acceso a buenos alimentos…

Esto tiene antecedentes históricos. En épocas de hambruna había quien hacía banquetes para demostrar que tenía más que los demás y diferenciarse de alguna manera. Desde la crisis de 2008 hay cada vez más negocios de comida low cost pantagruélica que ofrecen raciones enormes, la posibilidad de comer más por menos. Lo que también da fe de la situación socioeconómica de hoy en día. Y por otra parte, si banalizas la comida, no te vas a gastar dinero en ella y siempre tratarás de comer lo más barato posible.

Entre los manierismos de estos vídeos está esa voz chillona, casi omnipresente.

Es una voz a la que nos han ido acostumbrando, no solo en España, sino en muchos otros lugares, desde principios de 2000, una voz de “reality”, por así decirlo. También tiene que ver con aquellas voces artificiales de internet que potenciaban las sílabas tónicas, como pasa en los programas del corazón, que HAblan con MUcho ÉNfasis. Esto ha ido cuajando y se ha convertido en una especie de lenguaje universal para contar ciertas cosas, de tal modo que la ponen porque creen que es la que hay que poner, aunque la suya sea totalmente distinta. 

Otro es la sexualización de la comida, con dobles sentidos que habitualmente están por debajo del nivel de un Mariano Ozores…

No es nada sutil. Acabo de comentar una publicación en la que alguien pregunta “¿Te gustan gordos o largos?”, hablando de percebes. En otros ámbitos se cancelaría rápidamente a una persona por algo así. Si en un partido de voleibol femenino un comentarista dice cualquier cosa sobre el físico de las jugadoras, ya no vuelve narrar un partido en su vida. Pero parece que con la comida da igual. Puedes asociarla tranquilamente a temas sexuales, todo vale. Por otro lado, ellos te dirán que si una persona está acariciando una salchicha durante mucho tiempo y tú piensas que es otra cosa es culpa tuya, tú eres el que tiene la mente sucia. Es como lo de Elon Musk levantando la mano: si te dicen mil veces que es un “saludo romano”, a lo mejor te crees que es así. Es el mundo en el que ahora mismo estamos en las redes sociales.

¿Cosas como el café con queso o con cebolla o las hamburguesas de pantera rosa pueden llegar a convertirse en tendencia?

Hay modelos de negocio basados en estas tonterías. Ahí tienes The Champions Burger. Durante un año, en estadios de fútbol, cuyo alquiler supongo que no será barato, compiten tropecientas hamburguesas, a cual más extraña, por ser la mejor de España. Y son de restaurantes reales, donde preparan hamburguesas estrambóticas, enormes o raras. Y lo del café con mil cosas es una tenencia especialmente fuerte en China. Esto seguramente proviene de esos cafés con perlas de tapioca que ya llegaron a España hace un tiempo. Hace quince años igual te parecía raro, pero hoy tienes varios sitios de “bubble tea” o “bubble coffee” en cada gran ciudad. 

Quizá la razón de esto es que como tenemos una interminable oferta de comida a nuestro alcance y lo hemos probado prácticamente todo, hay que ofrecer algo totalmente distinto, por idiota o incomestible que sea…

Ahí está el cocinero turco Nusret Gökçe, conocido como Salt Bae, el “tío de la sal”. Tiene un imperio de restaurantes donde básicamente pone chuletas, pero luego viene un tío que te echa la sal haciéndola resbalar por el codo y te corta la carne de manera estrambótica y te la da del cuchillo a la boca para que hagas un vídeo y lo subas a tus redes. Pero no deja de ser un asador, con el componente de que tú vas allí para hacer la foto, subirla a tus redes y viralizarla.

¿Has llegado a categorizar este tipo de vídeos?

No, por salud mental. Aunque se podría hacer perfectamente: los que enseñan comida grande o excesiva e hipercalórica, la gente que combina cualquier tipo de cosa absurda, ya sea comiéndola o cocinándola, los que se sirven de la comida para sugerir algo sexual, los que muestran lo desagradable por lo desagradable…

¿Tienes algún favorito?

Tenía uno del que no recuerdo el nombre, porque me bloqueó y ya no puedo verlo. Era un español que siempre ponía la misma voz y hacía gestos con la mano muy ridículos. Tenía medio millón de seguidores y la gente le decía que era un crack… Esto de bloquearme era algo que me ocurría sobre todo al principio, cuando era más hiriente. Entonces había gente que a veces me insultaba. Pero otros se lo tomaban bien y me decían que les había hecho gracia o me rebatían. Y a veces eran sus fans los que se ofendían, no las propias personas a las que mencionabas, y me decían que no tenía ni idea. Todo esto me ha ayudado a dar mucha menos importancia a las opiniones ajenas. Es un buen ejercicio de resiliencia. 

¿En toda este trabajo de campo en el universo del gastrocringe has encontrado algo positivo?

Como millennial, descubrí las redes en mi adolescencia, a través de cosas como MySpace o Fotolog. Lo bonito de las redes es que te dan la oportunidad de descubrir y de que te descubran, conocer y que te conozcan. Hay gente que sin esto no podría mostrar tu trabajo. El problema es que hay tanta intoxicación que llegar a quienes son interesantes es complicado. Por ejemplo, el otro día descubrí a un tío que lleva años curando pescado con mohos. Y lo ves y dices “wow”. 

¿Seguirás adelante con esta labor de curador? Y si es así, ¿cómo crees que evolucionará?

Si nos guiamos por la tendencia de mi vida, supongo que me cansaré en algún momento. Pero seguramente evolucionará y además ya hay gente que está haciendo lo mismo. Lo que me gustaría es que no se tratase solo de algo que sirva para archivar cosas y reírnos de ellas, sino de un movimiento que, a través del humor, haga que nos demos cuenta de que podemos cambiar la sociedad.