18-1-2026
¿Qué posibilidades hay de que alguien que creció en un favela de Río de Janeiro llegue a entrar en el mundo de la alta cocina de París? Y más aún: ¿qué posibilidades hay de que, una vez allí, rechace una oferta para quedarse y emprender una carrera dentro del fine dining y decida volver a la favela para utilizar su conocimiento y su experiencia culinaria con el fin de ayudar a otros a encontrar una oportunidad para acceder a una vida mejor? Probablemente muy pocas. Pero este es exactamente el recorrido que llevó a cabo João Diamante, hoy al frente de Diamantes na Cozinha, una organización sin ánimo de lucro que ofrece cursos gratuitos para jóvenes en situación de vulnerabilidad, que así tienen acceso a educación gastronómica, experiencias prácticas y acompañamiento para integrarse al mercado laboral o emprender sus propios proyectos.
Hasta la fecha ha formado a 600 estudiantes en disciplinas como cocina caliente, panadería, pastelería o servicio de barra, y también imparte módulos de desarrollo humano y ciudadanía, porque, tal como el propio Joao nos apunta, la suya no es una organización dedicada solo a dar cursos en el sector de alimentación y bebidas: “Es un espacio de acogida, oportunidad y pertenencia -comenta-. Es el lugar donde personas en situación de vulnerabilidad social pueden descubrir un camino posible dentro de la gastronomía, pero también en la vida. Nuestro propósito es transformar trayectorias, formando no solo profesionales, sino también ciudadanos conscientes de su potencial, devolviendo dignidad a través de la educación”. Por toda esta labor recibió una mención especial del Basque Culinary World Prize 2025.
De la Marina brasileña a la Torre Eiffel
João sabe bien de lo que habla cuando menciona palabras como vulnerabilidad o dignidad y especialmente “camino posible”. Nacido en Salvador de Bahía, en el noreste de Brasil, se mudó a Río de Janeiro con apenas seis meses, cuando su madre, soltera y negra, decidió buscar una vida mejor en la gran ciudad. El único lugar donde pudo instalarse fue en una favela, en la casa prestada de un tío. Allí creció, en el Complexo do Andaraí, en medio de una realidad marcada por la pobreza y la violencia (cuenta que perdió a más de 50 amigos debido al narcotráfico), pero también rodeado de proyectos sociales que le inspiraron y le ayudaron a creer en sí mismo y en algunos de los cuales se implicó desde muy pequeño: “Todos tenían el mismo objetivo: incluir, integrar y generar oportunidades a través de la educación. Lo que cambiaba era la herramienta: podía ser la danza, la música, el deporte…”, recuerda João. Experimentar desde una edad tan temprana el impacto de este tipo de ayuda entre los más desfavorecidos tendría una enorme influencia en el devenir de su futuro profesional y personal, marcado por el compromiso social.
En su caso ese compromiso se canalizaría a través de la cocina, que practicó por primera vez profesionalmente cuando se enroló en la Marina de Brasil, donde fue aprendiendo mientras trabajaba, hasta llegar a convertirse en cocinero del almirante. También fue allí donde se dio cuenta de la importancia de la formación para practicar un oficio que requiere conocimiento, pero también cuidado y cariño. “Muchos se quejaban de las comidas servidas en los cuarteles, y yo me preguntaba: ¿por qué pasa esto si tenemos buenos equipos e ingredientes de calidad? Entonces entendí: el problema no era la estructura, sino las personas que cocinaban. Si estás en un lugar en el que no quieres estar, es muy difícil entregar algo de calidad. Yo, en cambio, sí quería estar allí. Servir me hacía feliz. Descubrí que el acto de servir es, ante todo, un acto de amor. Y ese fue el momento en que entendí que la gastronomía podía realmente cambiar mi vida”.
Esta revelación le llevó a formarse de verdad en cocina: gracias a las ayudas del gobierno brasileño pudo ingresar en la Escuela Alain Ducasse en Brasil. Al ser uno de los mejores alumnos, obtuvo una beca para trabajar en su restaurante Le Jules Verne, en París, nada menos que en el segundo piso de la Torre Eiffel. Ducasse le ofreció un puesto permanente, pero sus planes eran otros. Hoy recuerda con precisión qué es lo que le llevó a tomar una decisión tan radical: “Mirando hacia atrás, vi que solo llegué hasta allí porque alguien me tendió la mano, porque tuve acceso a oportunidades que cambiaron mi vida. Entonces pensé: ¿por qué no devolver eso a mi comunidad y a otras personas?”.

Democratizar el conocimiento para devolver la dignidad
Así fue como, en 2016, ya de vuelta en Río de Janeiro, creó Diamantes na Cozinha, con la intención de paliar a su manera el gran problema de inequidad que existe en su país y de hacerlo a través de la cocina: “La gastronomía puede transformar vidas. No se trata solo de dinero, sino de conocimiento. Y el conocimiento, en el país en el que vivo, sigue siendo un privilegio de pocos. Por eso uso la gastronomía como herramienta para democratizar el conocimiento, llevando educación alimentaria y cultural a quienes más lo necesitan”.
Los cursos, de un máximo de un mes, son gratuitos e impartidos por profesionales titulados y chefs con más de 10 años de experiencia, que reciben una formación específica para desarrollar una perspectiva social y humana en el aula. Se llevan a cabo en el Hotel Rio Othon Palace, donde los estudiantes también ponen en práctica en un entorno “real” lo aprendido, en lo que supone una experiencia totalmente nueva para algunos de ellos: “Muchos de los alumnos cuentan que nunca habían entrado por la puerta principal de un hotel -comenta João-. Al enfrentarse a ese entorno, se sienten profundamente impactados e impresionados, experimentando un sentido de pertenencia, autoestima y empoderamiento. Para los jóvenes provenientes de favelas y comunidades desfavorecidas de Río de Janeiro, atravesar las puertas de uno de los hoteles más grandes de la ciudad para estudiar y graduarse en gastronomía representa mucho más que aprender una profesión: es verdaderamente una oportunidad que les cambia la vida”.
Una vez terminada la formación, Diamantes na Cozinha los conecta con el mercado laboral, para lo que la organización cuenta con una red de empresas asociadas y negocios interesados en los alumnos. João asegura que el porcentaje de colocación es muy alto: “En Río de Janeiro, una de las principales capitales del turismo global, la demanda de profesionales calificados es enorme, mientras que la oferta de mano de obra especializada sigue siendo insuficiente. El resultado es que, incluso antes de terminar su formación, la mayoría de los estudiantes ya están empleados. Nuestra tasa de empleabilidad alcanza casi el 100%: los únicos que no ingresan al mercado son aquellos que deciden desarrollar sus propios negocios en sus comunidades”
João también subraya cómo esta educación en gastronomía tiene un impacto que va más allá de lo puramente profesional: “Cuando alguien en situación vulnerable aprende a comer mejor, ese poco dinero que pensaba que no alcanzaba de repente rinde más. Deja de comprar ultraprocesados y empieza a invertir en frutas, verduras, comida de verdad. Esto impacta su salud, su desarrollo humano y a toda su comunidad”.

Dois de Fevereiro: orgullo afrobrasileño
Uno de los negocios hosteleros que se nutren de sus alumnos es el propio restaurante de João, Dois de Fevereiro, situado en la zona de Pequena Africa, también en Río.
Lo inauguró en 2024 y él mismo lo define como un “gesto de resistencia, valoración cultural y reparación histórica”. Tras cerrar su anterior negocio, Diamante Gastrobar, se trata de una nueva etapa en su intento de ofrecer una gastronomía que refleje su identidad afrobrasileña y también dialogue con la ciudad y funcione como escaparate de su proyecto social: muchos de los trabajadores del restaurante son residentes de la región y exalumnos de Diamantes na Cozinha.
La razón de elegir la zona de Pequena África para el establecimiento no es casual. Se trata de un área de gran significado histórico e identitario para la comunidad afrobrasileña, donde se encuentra el Cais do Valongo, que fue “el mayor puerto de llegada de personas esclavizadas en el mundo”. De este modo el restaurante conecta el trabajo de Joao con sus ancestros africanos, de Benín: “Cada plato en Dois de Fevereiro cuenta mi historia: soy bahiano, nacido entre el río y el mar de Jaguaribe, en Salvador, pero me crie en el Morro do Andaraí, en Río de Janeiro. Años después, redescubrí mi ADN en un viaje a Benín, África, lo que reforzó el significado de mi trabajo”
Y concluye: “Más allá de nutrir el cuerpo, la comida nutre recuerdos, identidad y cultura. Conecta generaciones, restaura la dignidad y abre puertas. Cuando se utiliza de manera consciente, la gastronomía se convierte en un lenguaje accesible capaz de impulsar cambios sociales profundos en cualquier territorio”.
