28-9-2023

La sección Culinary Zinema del Festival de Cine de San Sebastián se viste de gala en 2023 para recibir en su última sesión a una de las películas más esperadas del año, La passion de Dodin Bouffant (cuyo título en España será A fuego lento), dirigida por el franco-vietnamita Tran Anh Hung, quien obtuvo por este trabajo el premio a la mejor dirección en el pasado Festival de Cannes, y protagonizada en sus principales papeles por Juliette Binoche y Benoît Magimel.

Adaptación libre de la novela La vie et la passion de Dodin Bouffant, gourmet, de Marcel Rouf, publicada en 1924, el film se sitúa a finales del siglo XIX  para contar la historia de la cocinera Eugénie (Binoche), que ha trabajado para el famoso gourmet Dodin (Magimel) durante 20 años en los que la práctica de la cocina ha ido transformando la relación entre ambos en algo que va más allá de la creación de platos únicos. Sin embargo, Eugénie, celosa de su independencia y su libertad, nunca ha querido casarse con Dodin, quien decide hacer algo que nunca ha hecho antes: cocinar para ella. La comida es su último recurso, su forma de expresar algo que las palabras no alcanzan a decir.

La propia premisa de una película que plantea paralelismos entre el arte de cocinar y el de amar podría servir como descripción del estilo de Tran Anh Hung, cineasta que en títulos como El olor de la papaya verde (Mùi du du xanh, 1993) o Pleno verano (Á la verticale de l’été, 2000) ha huido de las narraciones convencionales, practicando un cine que apuesta por lo sensorial por encima de la palabra, por transmitir sensaciones y emociones que trascienden la trama y van más allá de lo que el ojo es capaz de ver en pantalla. El propio director afirmaba en la rueda de prensa posterior al estreno del film en Cannes que más que a ilustrar una historia de un modo más o menos estético a base de “postales” de época, aspiraba a “crear algo así como un animal que se mueve en la jungla, una emoción que proviene exclusivamente del propio arte del cine”.

Y en este caso el catalizador de la emoción es la cocina, considerada como medio de seducción, como muestra de amor hacia la persona para la que se cocina, pero también hacia los propios ingredientes y hacia las destrezas de un oficio cuyos sonidos constituyen la única banda sonora de la película. “Las imágenes aportan la belleza, pero el sonido es el sabor de esas imágenes. Por eso prescindimos de la música. Bastaba con sonido de los utensilios, de los ingredientes, de la naturaleza para hacerlo todo muy expresivo”, apuntaba el director.

Hung abre en su película un espacio de silencio para que reinen en él los sonidos que salen de sartenes y ollas, pero también los de la precisión, los del trabajo concentrado, los del estado de flujo que proporciona la cocina cuando se practica a conciencia, con el fin de hacer sentir al espectador lo que los personajes están experimentando en pantalla, acercarse al máximo al imposible de transmitir sensaciones táctiles y olfativas y contagiar el placer de cocinar en el espectador.

Un silencio que permite “escuchar lo que los ingredientes tienen que decir”, en palabras de Pierre Gagnaire, director gastronómico del film (quien también interpreta un papel en la película), entender los ritmos de cada uno de ellos, comprender lo que requieren. A este respecto Juliette Binoche comentaba en la misma rueda de prensa cómo el director le pedía constantemente que fuese más despacio en sus escenas de cocina, “de lo que surgía una relación muy especial con los ingredientes. Debíamos ser en todo momento conscientes de lo que estábamos haciendo, de tal modo que el espíritu penetrase en la materia para que después esa materia se elevase al espíritu”. Abundando en el tema de transmitir sensaciones, pero de un modo más “terrenal”, Tran Ahn Hung mencionaba lo bien que masticaba una de sus actrices en pantalla “porque masticar correctamente era importante para que el espectador también quisiera probar eso”.

A fuego lento es, en definitiva, una película de amor que se manifiesta a través de platos más que de palabras, el que se resiste a concretarse entre los dos personajes principales y también el que ambos experimentan por la cocina. Y es asimismo, tal como apuntaba Juliette Binoche, un “film más feminista de lo que parece” y una “emocionante carta de amor de Tran Anh Hung a Francia, a los aspectos más refinados de la cultura francesa, y un himno a la belleza, a la vida y al amor. La naturaleza es muy generosa y lo que hacemos es trabajar con ella. Podemos elegir protegerla para crear aún más belleza, y cocinar es una forma de creación. Nos transforma y nos da la energía para vivir”.